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TOCOPILLA: DONDE TODOS LOS DÍAS SON DOMINGO


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La columna de Quiroga

ES CIERTO QUE NO SE PUEDE RESPONSABILIZAR A NINGUNA AUTORIDAD POR EL DAÑO DE UN FENÓMENO DE LA NATURALEZA DE ESTA ENVERGADURA, PERO TAMBIÉN ES CIERTO, QUE SÍ PODEMOS EXIGIR QUE NO NOS TRATEN COMO CHILENOS DE SEGUNDA CLASE Y POR LO TANTO SE HAGAN CARGO DE LAS SOLUCIONES DE MANERA INTEGRAL Y DEFINITIVA.

Por Darío Quiroga Venegas
dquiroga001@gmail.com

Me preocupa como seremos capaces de volver a la normalidad.
Hace pocos días atrás un amigo que me acompañaba en las tareas de recorrer Tocopilla, me decía que la sensación que le generaba este puerto era como que todos los días eran domingo.
Y me quedó dando vueltas la frase. Por supuesto que no lo planteaba en un sentido alegre, pero sí, en que en el día a día hay una cosa como excepcional. De partida, con el término anticipado del año escolar, la imagen que vemos en las calles es de miles de niños y jóvenes tomándose el espacio público con sus juegos y sonidos.
También es cierto que la imagen de cientos o miles de carpas instaladas en el cemento de calles y pasajes, da una imagen de irrealidad, como si estuviéramos en un gran “Jamboree” de los “Boy Scout” y no la Tocopilla post terremoto... evidentemente, las pequeñas rumas de escombros con los que uno se topa cada 30 o 50 metros, nos vuelven a la realidad de una ciudad destruida.
Ayer tuve la oportunidad de ver un documental chileno: ”La ciudad de los fotógrafos”, se trata de la historia –muchas veces anónima- de algunos de los reporteros gráficos que registraban el día a día de la dictadura. En este documental algunos miraban en retrospectiva como fueron perdiendo el poder de asombro, como la brutalidad que registraban les iba haciendo perder noción de la realidad.
Uno de ellos, que cubría las protestas que casi a diario se sucedían en el centro de Santiago, contaba como se producía una especie de relación perversa con los carabineros de Fuerzas Especiales, ya que de alguna manera eran “colegas” –fotógrafos y represores- que trabajaban en la medida que hubiera protesta... incluso a veces al final de las violentas jornadas, se despedían con la mirada, aguardando la nueva jornada de represión por un lado y de testimonio por otro.
Un autor que no recuerdo en este instante, que vivió los horrores del nazismo, se refería a que la imagen más perversa de los campos de concentración en la Alemania Nazi, no eran ni las cámaras de gases, ni las torturas y asesinatos masivos, sino más bien cuando –a veces- guardias y presos (judíos, gitanos, comunistas) jugaban al fútbol juntos para entretenerse un rato.
Una “pichanga” de presos y sus cancerberos, una justa deportiva, contra alguien que al día siguiente podía ponerte electricidad en los testículos o dispararte un tiro en la nuca.
Es la perversión de cuando “normalizamos” la anormalidad.
Por eso me preocupa como seremos capaces de volver a nuestras vidas de verdad. Por eso me preocupa que este estado de excepción en el que vivimos se prolongue en el tiempo y nos vayamos acostumbrando a ver carpas en las calles, nos alegremos si nos “toca” mediagua, nos llega una bolsa con víveres o alguna autoridad nos regala 5 minutos de su tiempo para contarle nuestro propio drama.
¡Cuidado tocopillanos, tenemos derecho a más!
Es cierto que no se puede responsabilizar a ninguna autoridad por el daño de un fenómeno de la naturaleza de esta envergadura, pero también es cierto, que sí podemos exigir que no nos traten como chilenos de segunda clase y por lo tanto se hagan cargo de las soluciones de manera integral y definitiva.A no bajar la guardia amigos míos, a no bajar nuestra expectativa y conformarnos con menos de lo que nos merecemos. Tocopilla tiene no sólo el derecho, sino el deber de volver a surgir, de superar la lacra de autoridades ineptas (y en esto nada tiene que ver el terremoto), para que el futuro no sea sólo la vuelta a la mediocridad, sino un paso adelante hacia nuestro progreso y felicidad.

(Edición 86, 1º diciembre 2007)


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